Pachamama, celebrando la Madre Tierra

Estudiar una lengua, es también intentar conocer y comprender sus aspectos culturales. Por eso el siguiente texto intentará mostrar de manera sintetizada una compleja tradición de los pueblos andinos.

La Pachamama del quéchua Pacha, “tierra” y Mama, “madre” es una entidad que ofrece protección, alude a la fertilidad, a la abundancia, a lo femenino, a la generosidad, a la madurez de los cultivos, y a la naturaleza. Por eso que es comúnmente asociada a movimientos ecológicos y de defensa de la tierra.

Durante todo el mes de agosto se le ofrece una celebración que varía de acuerdo a los diferentes sitios y costumbres. Es una de las más antiguas tradiciones de la región de los Andes, hasta el punto de que algunos estudiosos consideran que es anterior al culto a Inti, el dios Sol de los Incas. En el mes en que termina el período de las heladas y empieza la época de la cosecha, los pueblos andinos le rinden homenaje, en una conmemoración ancestral.

Plato ofrecido a Pachamama como homenaje. Michperu. CC by 2.0.

Plato ofrecido a Pachamama como homenaje. Michperu. CC by 2.0.

Durante todo el mes, los pueblos andinos le hacen ofrendas, lo que significa devolver de forma ritual lo que la tierra ha ofrecido durante todo el año, para eso se preparan todo tipo de manjares, y se le obsequia agua, jugos, dulces, etc. En el norte andino, el ritual consiste en cavar un pozo en la tierra donde, posteriormente, se pondrá una olla de barro con comida, dulces, pan, mazorcas de choclos e incluso chicha que es una bebida tradicional de los Andes. Luego se tapa este hoyo con piedras, formando un montículo llamado “apacheta”. En el noroeste argentino se suele colocar un hilo blanco y negro de lana de llama o de oveja en el tobillo, la muñeca o en el cuello y se lo deja puesto hasta que se rompa.

Las Apachetas tienen un gran valor simbólico para los pueblos andinos. Hamner_fotos. CC by 2.0

Las Apachetas tienen un gran valor simbólico para los pueblos andinos. Hamner_fotos. CC by 2.0

En tiempos de los incas el centro de las adoraciones estaba dirigido al Sol, y el culto a la Pachamama fue relegado a un plano secundario. No obstante el culto a esta divinidad probablemente sobrevivió, porque la adoración oficial del Sol tenía un sentido elitista: correspondía a los hijos de Inti, y no a los simples y humildes hombres del pueblo.

Según la leyenda, la divinidad vive en el macizo del nevado de Cachi en Salta, Argentina en una de cuyas ocho cumbres habría un lago y una isla, protegida por un toro de astas doradas que la custodia y emite nubes de tormenta al bramar.

Nevado de Cachi, Salta, Argentina. Justin Otto. CC by 2.0.

Nevado de Cachi, Salta, Argentina. Justin Otto. CC by 2.0.

Los habitantes de los Andes, desde muy pequeños aprenden de sus abuelos y padres que la Pachamama es su madre y todos los seres humanos son sus hijos. A medida que crecen reafirman y transmiten este sentimiento: como hijos tienen que cuidar a su madre y como hermanos se deben cuidar entre sí por el bien de la comunidad entera. Celebrar a la Pachamama es esencial en la concepción ancestral de los pueblos indígenas. Esta costumbre se asienta en que ellos asumen que son parte de un ser mayor, la Tierra, y esta celebración es un modo de asumirlo.


Por Javier Caballero